Las compras incluyeron cerca de 80 blindados sobre ruedas 6X6 ENGESA EE-9 Cascavel, con un motor MERCEDES BENZ de 212 HP también manufacturado bajo licencia en Brasil y equipados una torreta de diseño francés (la misma de los vehículos Panhard AML de que disponía Argentina). Esta última estaba dotada de un cañón DEFA de 90 mm. Distintos informes indican que el ejército chileno desplegó al menos dieciséis EE-9 Cascavel en la zona austral durante la Crisis del Beagle.
Otros elementos considerados en la lucha contra-carro eran los cañones sin retroceso M40 de 106 mm. Estas piezas fueron montadas en vehículos del tipo jeep tales como los LAND ROVER Santana 88 adquiridos en 1962, M-38 y Ford Mutt. En total, una veintena de vehículos 4x4 dotados de cañones antitanque sin retroceso M40 fueron desplegados en la zona austral en 1978.
En 1975, en medio de las tensiones vecinales con Perú se ideó montar el cañón M40 en vehículos CITROEN Yagán, un desarrollo local chileno basado en el chasis del CITROEN AX-330 ó 2CV. Sin embargo, la fragilidad y limitaciones de tracción y potencia del vehículo -que ya eran una complicación suficiente en desplazamientos por terreno irregular, sin considerar el impacto estructural que sobre la plataforma tendría disparar el arma- hicieron descartar la idea.
La artillería de largo alcance también enfrentaba complicaciones a fines de los años setenta. Se contaban en total apenas 12 Mk.F3, un obús de origen francés que montaba un cañón GIAT de 155 mm en un chasis reforzado de tanque ligero AMX-13. Uno de los inconvenientes del Mk.F3 era que no proveía ninguna protección para los servidores de la pieza, que viajaban en el exterior del vehículo.
También existían obuses M101 de 105 mm, alrededor de 70 unidades, y obuses M-56 del mismo calibre. La capacidad artillera del ejército chileno fue reforzada con se importación de entre 60 y 80 piezas de mortero de 120 mm desde Israel, mientras en ese mismo país se encargaba una cantidad de piezas Soltam M-68 de 155 mm, que arribarían recién en 1979.
Los vehículos de apoyo disponible en el inventario del ejército chileno rondada las 250 unidades. Esto incluía los excelentes camiones MERCEDES BENZ Unimog, algunos de los cuales habían sido irónicamente construidos en Argentina; transportes blindados sobre ruedas 6x6 ENGESA EE-11 Urutú, adquiridos en Brasil junto a los EE-9 Cascavel y que servían de apoyo a la artillería; y el transporte blindado sobre orugas M-113 A1, que había sido recibido desde Estados Unidos entre los años 1965 y 1974.
El inventario de vehículos de apoyo se completaba con un reducido número de anticuados blindados de exploración sobre ruedas 4x4 White Scout, remanentes de la Segunda Guerra Mundial, además de una cantidad de blindados de transporte de tropas semioruga M3 re-motorizados que equipaban a unidades de tiradores blindados.
La escasez de ambulancias entre las unidades del ECh desplegadas en la zona austral hizo que – como medida de emergencia - se recurrieran a la comprar de pequeños furgones cerrados SUZUKI ST-20 o su equivalente DAIHATSU, popularmente conocidos en época en Chile como “refrigeradores con ruedas”, debido a la forma cuadrada y el característico color blanco de esos vehículos. Tanto las unidades basadas en torno a Punta Arenas como aquellas trasladadas a la zona austral, desde la zona central y sur, recurrieron a esta peculiar solución.
Pero la fragilidad del sistema de tracción y suspensión de estos vehículos, que en realidad estaban concebidos para el traslado de mercaderías varias no pesadas ni voluminosas dentro de zonas urbanas, resultó en que su vida útil se extinguiese con los meses de uso en caminos rurales y a campo traviesa durante la crisis.
Lo anterior es un ejemplo de la enorme diversidad e improvisación de compras a que el ECh debió recurrir, para sortear el embargo estadounidense frente a la movilización demandada por la Crisis del Beagle. También se recibieron muchas ofertas irregulares de particulares que, aparecidos de la nada, ofrecían todo tipo de material de la más variopinta procedencia. Un oficio del Ministerio de Defensa, fechado el 18 de diciembre de 1978, registra que la Embajada de Chile en Jerusalén recibió un ofrecimiento de tanques Centurion Mk7 de origen británico, con cañón de 105 mm, "para inmediata inspección en India" y entrega “a través otro país". Como es característico en el mercado negro de las armas, la oferta consideraba un altísimo valor por unidad, aspecto que forzó su descarte. |